Descubren un parásito en el ojo de los peces que controla su comportamiento y los guía hasta la muerte

Un nuevo estudio ha dado con un parásito que vive dentro del globo ocular de los peces. Hasta aquí todo más o menos normal, si no fuera porque el parásito controla su comportamiento hasta el punto de guiar al pez a la muerte para poder continuar con su ciclo de vida.

Se trata de un parásito común que actúa como conductor del comportamiento del pez. Los investigadores encontraron que cuando es joven ayuda a su anfitrión a mantenerse a salvo de los depredadores. Lo perturbador llega cuando el parásito madura. Entonces hace todo lo posible por conseguir que el pez sea comido por un pájaro para volver a iniciar su ciclo.

¿Cómo? Tal y como explican, el parásito Diplostomum pseudospathaceum tiene un ciclo de vida que tiene lugar en tres tipos diferentes de animales. En primer lugar se aparean en el tracto digestivo de un pájaro, desprendiendo sus huevos en sus heces.

Los huevos eclosionan en el agua en larvas que buscan caracoles de agua dulce para infectar. Luego crecen y se multiplican dentro de los caracoles antes de ser liberados en el agua, listos para localizar a su próximo huésped, los peces. Es entonces cuando los parásitos penetran en la piel de los peces y viajan a la lente del ojo para esconderse y crecer. Aquí llega el momento en el que el pez consigue ser comido por un pájaro… y el ciclo comienza otra vez.

Desde luego, se podría hacer una versión del Diplostomum para una buena película de terror. Aunque no es del todo inusual. Lo cierto es muchos parásitos pueden cambiar el comportamiento de un animal para ajustarse a sus propias necesidades. Los ratones infectados con el parásito Toxoplasma gondii pierden el miedo a los gatos, justamente el animal que el parásito necesita para reproducir en su interior.

Para llegar hasta esta conclusión en el caso de los pescados se han dado dos estudios. En el 2015 Mikhail Gopko y sus colegas, del Instituto Severtsov de Ecología y Evolución de Moscú, demostraron que los peces infectados con estas larvas de cría inmadura nadaban de manera menos activa de lo habitual, haciéndose menos visibles a los depredadores y más difíciles de atrapar.

El mismo equipo probó posteriormente con peces que albergaban el parásito maduro (listo para reproducirse en las aves). ¿Qué ocurrió? Que los peces nadaban más activamente que los no infectados y se mantenían cerca de la superficie del agua. Unos rasgos que hacen que los peces sean más llamativos para las aves. Cuando los investigadores simularon un ataque de pájaro haciendo una sombra sobre el tanque de agua, los pescados se congelaron, pero los peces infectados reanudaron el nado antes que los no infectados.

Ambos estudios demuestran que la manera en que manipulan el comportamiento de sus anfitriones depende de su edad. Los parásitos inmaduros “son demasiado jóvenes e inocentes para infectar al huésped (pez)”, por lo que su objetivo es protegerlos. En cambio, los parásitos maduros están listos para reproducirse y para hacerlo tienen que entrar en el intestino de un pájaro.

Por alguna extraña razón este huésped que convive en el interior de los peces (y posteriormente de las aves y vuelta a empezar) me recuerda a otro huésped que convivió con humanos en una nave. La naturaleza nunca dejará de sorprendernos. [NewScientist]

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